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Carta de una de nuestras asistentes frente a los desafíos impuestos por la pandemia

La asistente de personas mayores de nuestra residencia Amor de Dios, Pamela Guerrero, escribió la siguiente carta y queremos compartirla con toda nuestra comunidad. Dice lo siguiente:

¿Alguien le ha tomado el peso a todo lo que está pasando?

Trabajo con el más indefenso: aquel que nos entregó su cultura, sus historias y sus batallas; aquel que sin pedirle nos regala sus historias de vida; aquel que a veces está mañoso y nos manda lejos; aquel que con sus ojos nos pide tiempo para acompañarlos un momento.

Hay gente que no ve el día a día que pasamos las cuidadoras de adultos mayores. Hoy tenemos que vestirnos con gorros clínicos, guantes, mascarillas, protectores faciales o antiparras. Muchas veces nos da pesar porque ni ellos nos reconocen con tanta protección que llevamos o porque nuestras manos ya están secas de tanto lavado.

Sufrimos pensando en que Dios se apiade de nuestros viejitos, ya que con ellos convivimos muchas horas y compartimos más que con nuestras propias familias.

Cuidemos a nuestra generación más viejita que nos va quedando, la que nos sigue enseñando la simpleza de la vida, con una sonrisa o con un solo gesto. La que nos enseña el respeto al adulto mayor y que nos enseña también a practicar la empatía.

Cuidemos al que le dio la vida a nuestros padres y que gracias a ellos estamos vivos. Sé que de esta vamos a salir, y vamos a poder besar y abrazar nuevamente a nuestros viejitos.